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La importancia de la hormona del crecimiento

La importancia de la HC es tal que afecta al funcionamiento del sistema inmunitario y a otras hormonas.

Una deficiencia de HC en los jóvenes impide su crecimiento y desarrollo normal, convirtiéndolos en enanos. La escasez de esta hormona en la edad adulta impide la correcta actividad de los sistemas de defensa, así como de otras hormonas como las somatomedinas, o factores de crecimiento, como los IGF que dependen de la HC. reduccion de la hormona del crecimiento con la edad

En un estudio se ha podido demostrar científicamente que con la administración de hormona del crecimiento las personas de avanzada edad recobran la vitalidad juvenil, aumentan la masa muscular y densidad ósea, reducen su tasa de grasa corporal, pero, lo que es más importante, sus defensas ante enfermedades e infecciones se vieron altamente reforzadas.

Lo interesante de este estudio es que los participantes no cambiaron en absoluto sus regímenes alimenticios, ni hábitos de actividad y en seis meses ganaron mucho músculo (8,8%) y perdieron aún más grasa (14,4%).

Resultados semejantes se han constatado igualmente en atletas altamente entrenados, quienes con la administración de HC incrementaron su masa muscular al tiempo que redujeron significativamente la grasa.

Precisamente por su gran capacidad de crecimiento, se considera que son miles los atletas en todo el mundo que experimentan con la auto administración exógena de HC, incurriendo con ello en los graves peligros que esta práctica conlleva.

La solución está en poder estimular una mayor secreción propia de hormona del crecimiento. Los adultos entre 25 y 45 años tienen una considerable reserva de HC en la glándula pituitaria, alrededor de unos diez miligramos, que si fuesen capaces de liberar supondría cantidad más que suficiente para incitar unos cambios físicos considerables.

Una vez en la sangre la hormona del crecimiento viaja hasta el hígado donde es metabolizada y destruida en un par de horas, pero durante ese proceso se pone en marcha la producción de factores de crecimiento similares a la insulina, llamados también somatomedinas. Las somatomedinas generadas en el hígado se usan entonces para controlar el crecimiento estable de los músculos, principalmente durante la noche.


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