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Hay mucho tonto en el gimnasio

Recuerdo la primera vez que fui a cierto gimnasio de cierta ciudad. Yo ya había estado antes en otros gimnasios, pero había cambiado de trabajo y, en consecuencia, también de ciudad. Y ya sabéis lo que pasa… Al llegar a la nueva ciudad, lo primero que hay que buscar es una casa y, después, un gimnasio. Y si no conoces absolutamente nada…

Los que ya estamos experimentados en el terreno de buscar gimnasio y hemos probado muchos (yo, por mi labor, he estado en decenas y decenas) desarrollamos un instinto para saber cuál nos viene mejor.  No obstante, a veces, ese instinto falla. Y a veces no falla pero nos encontramos en un gimnasio ideal por equipamiento pero con una clientela que… Bueno. Tú ya me entiendes.

Como iba diciendo, llego a ese gimnasio del que estaba hablando en concreto y, por ser el primer día, reviso el equipamiento bien, lo pruebo, y le dedico una horita a la cinta de correr. Estaba en plena forma, así que voy, a lo largo de esa hora, incrementando velocidad hasta acabar en sprint. No era ninguna hazaña, desde luego, pero… Cuando llevaba 15 minutos en la cinta noto que, de un grupito de tres personas que me habían estado siguiendo con la mirada desde que había entrado en el gimnasio, uno se sube a la cinta de correr que estaba al lado de la mía y se pone a correr a la misma velocidad que yo. Todo esto, sin dejar de mirar para la distancia que yo iba haciendo y mi velocidad.

Al final, en su competición particular (que no la mía, desde luego, porque yo al gimnasio voy a lo que voy) resultó derrotado (aunque hubiese corrido tres horas más que yo y al doble de velocidad, lo mismo habría dado). Y allá se fue con sus amigos y con su cara de cabreo.  Lo peor de todo es que, al salir de la ducha, cuando me iba a ir a mi casa, va el tonto y me dice “hoy has podido porque me has pillado en un día malo, que si no te iba a dar las del pulpo”.

Estoy completamente seguro de que esta anécdota que me ha sucedido a mí os ha sucedido a todos vosotros como mínimo una vez. Si no de tal calibre, por lo menos de un cariz similar. Todos nos encontramos a diario tontos en el gimnasio. Y hay que decirlo bien clarito: hay mucho tonto en el gimnasio.

Se ve claramente quién va al gimnasio a ejercitarse ya sea yendo a lo suyo, ya sea haciendo más grupo, y quién va solo a hacer el capullo. Los que amamos ejercitarnos sabemos lo que hay: nosotros no vamos a tener problemas con nadie. Y el que vaya al gimnasio a hacer el imbécil… pues allá él con como quiere gastarse el dinero.


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One Response to “Hay mucho tonto en el gimnasio”

  1. Pues llevo 12 años en el gimnasio, en varios distintos y nunca me he encontrado y seguro que nunca me encontraré a alguien tan tonto.

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